jueves, 25 de enero de 2018

¡HAN VISTO MIS OJOS TU SALVACIÓN!

Presentación de Jesús en el templo
21 Cuando se cumplieron los ocho días y fueron a circuncidarlo, lo llamaron 
,
nombre que el ángel le había puesto antes de que fuera concebido.
22 Así mismo, cuando se cumplió el tiempo en que, según la ley de Moisés, ellos debían purificarse, José y María llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor
23 Así cumplieron con lo que en la ley del Señor está escrito: 
«Todo varón primogénito
 será consagrado al Señor». 
24 También ofrecieron un sacrificio conforme a lo que la ley del Señor dice: «un par de tórtolas o dos pichones de paloma».
25 Ahora bien, en Jerusalén había un hombre llamado Simeón, que era justo y devoto, y aguardaba con esperanza la redención de Israel. El Espíritu Santo estaba con él 
26 y le había revelado que no moriría sin antes ver al Cristo del Señor. 
27 Movido por el Espíritu, fue al templo. Cuando al niño Jesús lo llevaron sus padres para cumplir con la costumbre establecida por la ley, 

28 Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios:
29 «Según tu palabra, Soberano Señor,
    ya puedes despedir a tu siervo en paz.
30 Porque han visto mis ojos tu salvación,
31     que has preparado a la vista de todos los pueblos:
32 luz que ilumina a las naciones
    
y gloria de tu pueblo Israel».
33 El padre y la madre del niño se quedaron maravillados por lo que se decía de él. 
34 Simeón les dio su bendición y le dijo a María, la madre de Jesús
«Este niño está destinado a causar la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y a crear mucha oposición,
 35 a fin de que se manifiesten las intenciones de muchos corazones. En cuanto a ti, una espada te atravesará el alma».
36 Había también una profetisa, Ana, hija de Penuel, de la tribu de Aser. Era muy anciana; casada de joven, había vivido con su esposo siete años, 
37 y luego permaneció viuda hasta la edad de ochenta y cuatro.Nunca salía del templo, sino que día y noche adoraba a Dios con ayunos y oraciones

38 Llegando en ese mismo momento, Ana dio gracias a Dios y comenzó a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
39 Después de haber cumplido con todo lo que exigía la ley del Señor, José y María regresaron a Galilea, a su propio pueblo de Nazaret
40 El niño crecía y se fortalecía; progresaba en sabiduría, y la gracia de Dios lo acompañaba.


(Evangelio según San Lucascapítulo 2, versículos del 40 al 25  Reina-Valera 1960)